Hyper On Experience – Deaf In The Family

El momento en que se doblan una sobre otra las dos últimas décadas del siglo pasado es una fuente inagotable de sonidos nuevos y originales. Buena parte de la música electrónica actual sigue hundiendo sus raíces en los primerísimos noventa. En Inglaterra, el fenómeno de las fiestas ilegales y la contracultura asociada a ellas se expresaba musicalmente de formas diversas. Pero ese magma musical compartía un entorno común: el thatcherismo, la persecución policial y política de las raves, la aproximación a la música (crearla, bailarla) como acto de desobediencia y contestación. Aunque parte del hardcore de la época se emparenta con el techno y su base 4×4, existe toda una línea que nace del robo de ritmos, esa tradición pirata que comienza con los pioneros del hiphop y que continúa el electrofunk en los 80. Prueba de ese continuum es que el electro y esta nueva ola de hardcore basado en patrones rítmicos rotos comparten breaks, caso del utilizadísimo Amen Break, pero ahora éstos se disparan a velocidades infrahumanas para componer un entramado geométrico, afilado y futurista que nada tiene que ver con otras formas musicales.
En un tiempo dominado visualmente por películas que hablaban de un futuro oscuro y de seres incontrolables en títulos del género de terror (Pesadilla en Elm Street, Hellraiser) o de la ciencia ficción (Terminator, Akira, Alien), en un mundo donde la velocidad a la que la tecnología reconfiguraba relaciones y estructuras no cesaba de crecer voraz e implacable, en un momento en el que lo peor de las sociedades anunciadas por Orwell y Huxley parecía ir haciéndose realidad en ciudades de geometría infinita y gris, una forma de música sombría y desafiante se configuraba con límites cada vez más precisos en los sound systems de la periferia urbana. Los breaks clásicos se aceleraban al máximo (¡llegando a los 180bms!), se retorcían, se analizaban en estudios caseros para recomponerlos y lanzarlos convertidos en una explosión polirítmica. Frente al hardcore divertido y feliz, el primer jungle es oscuro y dispara consignas que hablan del lado más duro de las fiestas ilegales: sobredosis, vacío, desesperación. El darkcore, una de las primeras manifestaciones del jungle, toma carta de naturaleza a partir de temas tétricos como Mr Kirk’s Nightmare de 4hero (un coctel explosivo: el break negroide, el bajo ácido, los sonidos que recuerdan a los primeros Forgemasters) y se consolida con composiciones inspiradas directamente en ese cine que habla de un futuro sin futuro dominado por las máquinas, como la poderosa oda a Terminator de Goldie.
Dentro de la maraña de discos, dubplates y producciones que proliferan en la época, el disco de Hyper On Experience recoge todos sus elementos y no sólo suena añejo sino también extrañamente épico y profundo. Es el sonido de otra época. De los cuatro cortes, todos deudores de ese sonido, el que mejor recoge (y más sonó en la época) aquellas coordenadas es “Lord of the Null-Lines”. La línea de piano que hace pensar en el hardcore clásico cede rápidamente el protagonismo a un break aceleradísimo que se clava sin piedad en la medula espinal. Los acordes chillones se entremezclan con consignas oscuras y alucinadas, como el sample de Predator 2: fuckin’ voodoo magic man! El bajo surge bestialmente rápido tras el spin up, tomando la velocidad de vértigo que impone un nuevo break. Es música que parece venir directa desde aquellas raves, sobrecargada y al mismo tiempo tenebrosa. En fin, como dice la irreal vocal femenina: there is a void where there should be ecstasy (hay un vacío donde debería haber éxtasis).
Este estilo, empujado por su voluntad trepidante y su aproximación científica al ritmo, continúo su evolución sin descanso. El darkcore y la escena asociada, que sólo comenzó a conocerse realmente como drum & bass aproximadamente en la época en que salió este 12’’ de Hyper on Experience (denominación que se impuso gracias a recopilatorios como “The Dark Side – Hardcore Drum & Bass Style” publicado en React en 1993), dio auténticas gemas que siguen sorprendiendo por su capacidad para poner banda sonora a un mundo cada vez menos fácil de comprender: compuesto de ciudades interminables, poblado por multitudes irreconocibles, surcado por la incertidumbre. Temas como The Valley of the Shadows se convirtieron entonces en clásicos instantáneos que conservan hoy toda su vigencia y poder de sugestión. El género continúo imparable, mutó, se volvió preciosista y luminoso y encontró la forma de llegar a las masas. Durante su ya larga historia ha caído en desgracia y recuperado el protagonismo en incontables ocasiones desde estos primeros tiempos. Pero esa es otra historia.
Hyper On Experience · Deaf In The Family (1993)
1. Time Stretch
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2. Lords Of The Null-Lines
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3. Imajika (Smiley Rock Remix)
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4. Thunder Grip
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