Jahtarian Dubbers

Seguramente, al principio, cuando los productores e ingenieros de sonido jamaicanos tuvieron la idea de ocupar la cara B del disco con la versión acústica, y ya de paso manipulada, del single de éxito para rellenar la otra cara vacía, no podían imaginar hasta qué punto su forma de proceder iba a infectar toda la música posterior. El dub se configura en una doble dimensión: como género musical dotado de unas características y elementos bien definidos y como modus operandi del productor musical. A través de esta segunda faceta se ha comportado como un virus polimorfo y extremadamente adaptable que desde la ocurrencia original para ahorrar costes ha mutado en un acercamiento que comparten músicos variadísimos. Desde el hip hop hasta los sonidos más avanzados pasando por el techno o el dubstep, en casi todos los estilos electrónicos se deja sentir la huella de las innovaciones de King Tubby o Lee Scratch Perry en el trabajo del productor y en la estructura compositiva.
¿Qué hay de esa otra primera dimensión? Más allá de la influencia sobre otros géneros, ¿qué hay del dub? Fuera de las recurrentes versiones y del sonido militante o poético de algunos trovadores jamaicanos, ¿quedan aún hoy muestras de dub puro y experimental?
La respuesta, afortunadamente, es un categórico sí. La música jamaicana actual está dominada por un producto diseñado para el consumo rápido y masivo, quedando lo auténtico y la espiritualidad reservada a veteranos cada vez más envejecidos o a grupos modernos que no se apartan de cánones encorsetados. Existen, sin embargo, excepciones que no solo recogen el legado de los pioneros sino que, y esto es lo importante, lo reinterpretan y continúan experimentando partiendo del lugar donde la muerte o la demencia de estos iluminados lo dejó. Es el caso de Jahtari, sello discográfico especializado en dub con dos particularidades que lo hacen muy especial. Por un lado, está ubicado en Leipzig, Alemania, posiblemente uno de los puntos más alejados en kilómetros de Kingston. Por otro, se especializa en algo que han dado en llamar Digital Laptop Reggae (DLR), lo que se traduce en la ejecución de reggae o dub clásico utilizando como único instrumento el ordenador. Combinar estas coordenadas geográficas y conceptuales parece estúpido, descartable. Sin embargo, su materialización tiene sentido. Ellos mismos lo certifican: “los principios básicos detrás de REGGAE y de música generada por ORDENADOR por definición son principios que se excluyen completamente los unos a los otros. Para nuestra sorpresa, los experimentos con esta enorme paradoja resultaron en un tipo de música que funcionaba, y que es “nueva”, cualquiera que sea el significado de este término hoy en día”.
![]() |
En Jahtari son muy estrictos. Frente a la repetida aproximación moderna al dub que lo toma por un concepto maleable e infinitamente abierto con el que se bautiza indiscriminadamente cualquier producción por el solo hecho de utilizar ecos o líneas de bajo prominentes, una de las primeras iniciativas del sello es cerrar sus puertas a todo lo que no sea verdadero dub. Para ello no dudan en definirlo de modo rotundo e incontestable como declaración de principios; también como criterio para aceptar y rechazar demos, y quizá implícitamente como forma de hacer pedagogía. “Para hacer música que “se sienta” como dub dos cosas son absolutamente fundamentales: 1) el BAJO es central, provee de ritmo y melodía; 2) el énfasis tiene que estar en el OFFBEAT, que lo diferencia de cualquier otra música. Por supuesto, los delays y reverbs juegan un rol importante, pero no son imprescindibles”. La reivindicación del dub auténtico no sólo opera frente a otros sonidos típicamente jamaicanos, sino también, y teniendo en cuenta el origen de los proponentes quizá de modo más significativo, frente a otras formas de música electrónica. Lo principal en cualquier disco del sello es que al escucharlo la impresión sea “¡ah, un tema de dub!”. Por ese motivo declaran casi maniáticamente que “no estamos haciendo electrónica, ni techno ni drum and bass con influencias dub, ¡sino exactamente lo contrario!”. El componente experimentador es, en todo caso, tan importante como la pureza estilística. Jahtari retoma el género donde quedó en el momento histórico en que queda suspendido, cuando Tubby fue asesinado y Mad Professor empieza a dedicarse al trip hop y las remezclas. Pero no desde el punto de vista tecnológico, evidentemente, sino desde la voluntad radicalmente experimental y el anhelo onírico que empujaba en el principio a los grandes productores del género. En su declaración de principios son explícitos en este sentido: “Jahtari no trata de emular los viejos clásicos con nueva tecnología, ¡sino en hacer dub que no fue o no pudo ser hecho antes!”.
Un buen acercamiento a la música del sello es partir de su recopilatorio Jahtarian Dubbers Vol. 1, entrega que repasa no sólo la paleta de sonidos profundos y digitalmente humeantes de la casa sino que también ofrece una primera panorámica de la amplia red de músicos que participan del proyecto. Y es que aunque se trate de una discográfica que plancha vinilos y vende digitalmente en Boomkat, el aroma que desprende es independiente y comunitario. Buena parte de su discografía cuenta con licencia Creative Commons y a través del magnífico interfaz de su página se puede escuchar todo su catálogo sin límites. Destaca su colección de NET 7’’, exactamente iguales a un siete pulgadas convencional (provisto de cara A y B, ruido de la grabación, cuidada portada, ¡incluso lo vemos girar al reproducirlo!) si no fuera porque sólo están disponibles virtualmente en la red. Jahtari combina la publicación tradicional con la idiosincrasia de netlabel, lo que hace posible que los músicos presentes en la recopilación vendan discos, normalmente de modo digital, y ofrezcan otros en descarga gratuita.
![]() |
En el repertorio destacan disrupt y Rootah, cofundadores del sello. Mientras que el primero, Jan Gleichmar, proviene del breakcore y del gabba, Christoph se dedicaba en los noventa a pinchar techno y a coleccionar vinilos de electro y Detroit . Cuentan que se conocieron en 1998 trabajando como albañiles en una obra. Pronto profundizan en sus pasiones comunes, la marihuana y la música electrónica, se empapan cada vez más del techno profundo de Basic Channel y comienzan a interesarse por la faceta más puramente dub de modo simultáneo a Pole o Moritz von Oswald. El encuentro desemboca en el feliz hallazgo del concepto de Digital Laptop Reggae. En su formulación más elemental, el DLR no es más que “música reggae producida con un ordenador”. Una receta que sólo requiere dos ingredientes: “tiene que basarse exclusivamente en riddims y debe ser hecho nada más que con un ordenador por lo que es 100% digital”. Ahora bien, tomadas estas palabras de modo literal podrían llevar a una mera emulación de la música practicada por Augustus Pablo con la tecnología actual, lo que no aportaría más que un ejercicio de nostalgia. Y musicalmente, un callejón sin salida.
Se hace preciso desarrollar los dos componentes que dan forma al DLR. En primer lugar, es necesario entender que la referencia a los riddims es de gran calado. En la música jamaicana, un riddim no es más que el esqueleto de una canción. Formado por un patrón de batería y una línea de bajo, sobre esta estructura se construyen luego decenas de canciones, hasta el punto de que diferentes grandes éxitos pueden compartir un mismo riddim. Más allá de configurar un recurso compositivo, la alusión al riddim tiene connotaciones más profundas ya que hace referencia a la esencia misma de las composiciones. “La clásica estructura de canción de estrofa y estribillo, que puede encontrarse en todo el pop, no existe en el dub. La estructura está hecha de sonido, y solo sonido. El riddim es el cimiento, con el bajo como elemento más importante, y dada la forma de loop del riddim, este se vuelve extremadamente hipnótico”. Las implicaciones de esta estructura son extraordinarias porque altera completamente la forma compositiva tradicional de la música popular. Con un acercamiento claramente minimalista, donde la canción se basa en la combinación de una línea de bajo, un juego de batería, algunos efectos y una melodía apenas esbozada, el dub no tiene límites temporales y su impulso solo tiene que ver con la tensión que va desarrollando y la incertidumbre del proceso. “Quitando de repente uno de esos elementos, trayéndolo de vuelta de nuevo o simplemente cambiando los parámetros de un efecto, se crea tensión. Siempre existe tensión en un tema, nadie puede prever que ocurrirá ni cuándo”. La explicación se refiere al dub, pero es válida para cualquier forma de música electrónica, ¡especialmente cuando se desarrolla en una sesión de DJ!
El segundo elemento del DLR es igualmente importante. El reconocimiento a la tecnología es necesario, porque está en el origen mismo del dub, una música que ha ido construyéndose en función de la tecnología disponible en cada momento de tiempo. King Tubby es universalmente reconocido no solo por su talento musical sino también, y muy especialmente, por su habilidad técnica como ingeniero electrónico. El dub está estrechamente ligado al equipo de producción disponible, y en ese sentido es fundamental otorgar el protagonismo debido a las posibilidades técnicas que la tecnología actual concede al productor. Pero el término “digital” no sólo tiene que ver con la utilización de ordenadores y software nunca antes imaginado. También implica, y eso es lo importante desde el punto de vista musical, la existencia de técnicas totalmente innovadoras. En Jahtari rinden en este ámbito respeto al avance que supuso la corriente clicks and cuts. Las posibilidades de producción cambiaron y se expandieron, especialmente en términos de deconstrucción, de tratamiento del sonido y de utilización de efectos antes desconocidos. La relación entre estos avances y temas como “Selassi I Continually” quizá no sea aparente, es posible que este heavy dub que suena a videojuego y a planetas lejanos no guarde una conexión directa con los experimentos áridos de Mille Plateaux. Pero del mismo modo que Maurizio y Robert Hood piensan la música como se hacía en Black Ark, y no nos damos cuenta, este dub alucinante utiliza en su construcción de modo determinante la artesanía digital de Oval o Raster Noton.
Disrupt y Rootah no ocultan, por supuesto, una influencia que es evidente muchas veces en Jahtari. Antes bien, muestran sin disimulo su devoción. La sombra de Rhythm & Sound y la serie Burial Mix aparece frecuentemente en las producciones del sello. En este Dubbers Vol 1 la muestra más clara es el “Machines and Ghosts” de Illyah & Ltd Candy, una pieza de dub hermoso y delicado, muy penetrante, hondo. La voz de Ltd. Candy trae a la mente las incursiones en la órbita techno de Jennifer Lara junto a Rhythm & Sound, el sonido aterciopelado que evoca el amor y se funde y amalgama con la cuidada patina de efectos o la emulación computerizada de la melódica. Aunque la presencia de temas vocales no seaa esporádica, son habituales los temas exclusivamente instrumentales. Músicos como el parisino Julien Neto toman inspiración del ambient, género que desarrolla en su maravilloso Le Fumeur De Ciel, para crear paisajes de dub cuidado que hipnotizan, trozos de sonido que deseamos no terminen nunca. Todos los elementos característicos de Jahtari están en el recopilatorio, como el culto a los clásicos o el humor. Mientras Blaze Dem actualiza en sueco el dub terrorífico de Scientist y su enorme Scientist Rids The World Of The Evil Curse Of The Vampires, Disrupt hace del dub un juego de niños con el chiptune “Kozure Okami”, puro dub de 8 bits.
Jahtarian Dubbers Vol 1 es solo un repaso a una parte del universo Jahtari. En 2010 publican su continuación, un segundo volumen que da una perspectiva actualizada del sello. Desde sus comienzos no han dejado de ampliar las fronteras sonoras del dub sin dejar de lado las señas de identidad del género y del sello. El dub en sus manos puede ser un chiste, la melodía de un cartucho de la Neo Geo, dancehall poderoso incontestable en la pista, lovers rock para extraterrestres o hechizado reggae de cadencia humeante. Sea cual sea la forma en que lo traten, el dub en Jahtari es puro, experimental y divertido, todo lo que siempre fue y, mientras en Leizpig sigan tocando, será.
1 – Afrikan Simba & Rootah – Alternative Power
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
2 - John Frum – May In Dub
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
3 - Blaze Dem – Roots Defender
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
4 – disrupt – Kozure Okami
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
5 - Ilayah & Ltd. Candy – Machines and Ghosts
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
6 - Blue Vitriol – Cryovolcano
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
7 - John Frum – January Dub
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
8 - Pete Murder Tone – Paper Tiger
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
9 - Rootah – Holy Mount
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
10 – disrupt – Selassi I Continually
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.


