Artcore – Jungle Inteligente
La música que a principios de los 90 hablaba del reverso tenebroso de las raves, el sonido veloz y trepidante que se alimentaba de la falta de expectativas de los chavales y de sus desfasados fines de semana, fue paradójicamente la que dio pie a todo un nuevo lenguaje en el drum and bass. El darkcore, explicado en el libro Loops como “el lado oscuro de la cultura del éxtasis”, no sólo eran samples triposos y breaks aceleradísimos. También supuso poner tierra de por medio con el hardcore matriz y a la vez dio lugar a una música luminosa de posibilidades ilimitadas.
La clave residía en la experimentación. Uno de los temas de referencia que citan periodistas y precursores como Fabio es Terminator de Metalheads, uno de los primeros seudónimos de Goldie, que abre la puerta a todo un universo desconocido. Los elementos del hardcore de siempre están ahí, pero el fenomenal desarrollo que tiene la estructura rítmica a través del empleo de técnicas de producción como el pitch shifting, la audacia compositiva intercalando diferentes tempos con pasajes ambient, y toda una sonoridad no enfocada ya directamente a la pista, convierten a este tema en estandarte del cambio que estaba teniendo lugar.
Es interesante cómo otra técnica similar a la anterior, el time streching, permitía encajar dentro de los breaks superacelerados cualquier muestra de sonido conservando su velocidad original. Así podían combinarse ritmos a 160 bpm con vocales negras o vaporosas líneas de saxo haciendo que nada chirriase. Esto suponía desprenderse de las voces de pitufo típicas del happy hardcore y la apertura a cualquier sonido o sonoridad. Se habla de ciencia del ritmo porque los productores de jungle se parten la cabeza experimentando con los breaks, retorciéndolos o superponiendo capas y más capas de patrones rítmicos y líneas de bajo, se afanan con la producción hasta el punto de que llegan a usar como título para las canciones el nombre de las mismas técnicas.
La música había entrado en una nueva dimensión. El hardcore roto dominado por visiones tenebrosas de las fiestas ilegales se volvió el banco de pruebas perfecto para el desarrollo de toda una “psicodelia rítmica” (en palabras de Kodwo Eshun) que no había hecho más que empezar. Aun lejos de los focos y profundamente arraigado en el underground, en 1993 se empieza a hablar de ambient jungle. Su sonoridad sigue buceando en la desesperación y el vacío de unas vidas carentes de horizonte que sólo persiguen la satisfacción efímera del próximo viernes. Pero se amplía su capacidad expresiva enormemente. La poliritmia se revela como un campo vasto y rico para la exploración. La necesidad de potencia o velocidad pierden peso ante la búsqueda de sugestión y belleza. La música ya no sólo sirve para el subidón de pirula, va mucho más allá.
La evolución es clara en productores como LTJ Bukem, pioneros de este jungle luminoso y evocador. Ya en 1991 sonaba extraño y ajeno al hardcore de su tiempo presagiando lo que había de venir: Demon’s Theme todavía es deudor de la urgencia y de la velocidad, pero sus coordenadas son más propias de otro tiempo. Music o Atlantis (I need you) son tótems de ese nuevo jungle inteligente, como alguno lo denominó entonces. Se trata de breakbeat que bebe de muchas fuentes: la melancolía futurista de Detroit, el funk antiguo a través del omnipresente amen break, el sonido relajado y onírico del primer ambient. A través de su sello Good Looking Records contribuyó al desarrollo de esta nueva ola de drum and bass mental y evanescente, especialmente con las populares compilaciones Logical Progression.
Piedra angular de este género es Timeless, otra aportación fundamental del productor Clifford Price, esta vez sí firmada como Goldie junto al ingeniero Rob Playford. Publicada originalmente en 1994, se trata de una sinfonía jungle de 21 minutos de duración en la que todos los elementos de este lenguaje musical se combinan para ofrecer una descripción desgarradora del guetto urbano. Esa inner city pressure que narra el canto soul de Diane Charlemagne habla según Goldie de bloques de cemento, de niños enganchados al crack, de la euforia del fin de semana y de la realidad que viene después. En términos musicales, “Timeless es como un Rolex, una hermosa superficie cuyo mecanismo es un rompecabezas” afirma su autor para referirse al complejísimo entramado rítmico sobre el que se articula esta oda de ciencia ficción.

En 1995, un año antes de que el primer recopilatorio de Good Looking viera la luz, se publicó el varios Artcore en el sello React. Son interesantes las diferentes definiciones que del propio estilo daban las notas interiores, porque aunque traten temas diferentes ofrecen una imagen más completa de esta música: “Jungle fusionado con otros estilos, desde el Ambient al Jazz” versus “Rítmico, hipnótico, melódico, profundo y espacial”.
Destaca la presencia de Omni Trio, uno de los pioneros en la elaboración de estructuras intrincadas capaces de romper no sólo la cadera sino también la imaginación. Su Renegade Snares fue uno de los hitos que marcó la transición hacia el artcore en 1993. Looking for the future, publicado el mismo año, comparte elementos esenciales: el ritmo frenético atemperado por cortinas de sonido luminoso, la línea de piano o los sintes difuminados cruzada por voces aterciopeladas y sensuales. Son señas de identidad del género presentes a lo largo del álbum, aparecen en el soul cósmico del Greater Love que abre el disco, en el tema de Sounds of Life, en la recreación detroitiana a base de redoble de amen de Jazz Juice.
Un sello de identidad del artcore es la estructura en forma de catarata sónica, esa forma de canon tubular y tintineante que va creciendo en progresiones infinitas y que tantas veces recuerda a las olas del mar. El sonido oceánico de Music de LTJ Bukem es el paradigma, pero suena igualmente tántrica Sparkling de un joven Optical bajo el seudónimo Little Matt. También el proyecto drum and bass de Mark Pritchard y Tom Middleton que cierra el recopilatorio se despliega como el flujo marítimo, sin prisa pero veloz y con tantos reflejos como los que obtiene la luz en cada ola. Es interesante ver cómo el artcore, al ir descubriendo todo su potencial, iba acogiendo a músicos que no necesariamente provenían de su raiz hardcore (Global Communication en este caso), lo que da idea no sólo de sus posibilidades sino también del peligro de perder la conexión con su origen.
Completan el disco habituales de la escena desde sus orígenes como Austin Reynolds, con una muestra típicamente junglista de cómo conjugar un bajo a mitad de velocidad que la batería, que recubre con un sin fin de bellos guiños ambient. Y también se cuela algún tema demasiado influido por el sonido lánguido de Good Looking, un vena elegante pero artificial a la que cada vez se iban sumando más productores: la tercera incide en la evocación de lo salvaje de Demons Theme aunque sin fuerza; Dance of The Sarooes recuerda peligrosamente al Western de PFM.
Aproximadamente tras la publicación del recopilatorio comenzó a hablarse de una cierta sobreexplotación del género, se empezaba a abusar de fórmulas y lo que había sido investigación y sentimiento se estaba volviendo sofisticación vacía. Ese jungle inteligente que trascendía las necesidades del subidón de extasis y que era en cambio capaz de expresar toda una cosmogonía urbana completa terminó “volviéndose un callejón sin salida estético”, como reconocía el periodista inglés Simon Reynoldsen en 1995. Aunque carece de perspectiva temporal, es interesante la reflexión que éste hacía entonces: “no hay nada más superficial que la música hecha por artistas persuadidos de que deben lograr algo Profundo, aunque carezcan de lo necesario para llegar hasta ello”.
Afortunadamente ahora no tenemos que lamentar el estancamiento de la escena, hablar de jungle inteligente no es más que una entelequia, una forma de abordar un momento creativo único. El tiempo nos da la libertad de, simplemente, disfrutar de la música. Volver la vista atrás a aquellos años permite no sólo comprender cómo el artcore sirvió para liberar al jungle de corsés, permitiendo desarrollar toda su expresividad musical, sino también disfrutar de joyas tan evocadoras hoy como entonces. Fruto de aquel tiempo es el soberbio Parallel Universe de 4 Hero, lectura futurista de la música negra norteamericana y que consagra una forma de entender el acid jazz. O Roni Size, que ya entonces sacaba pelotazos de jazz jungle junto a Krust o DJ Die como el clásico Music Box. O Foul Play, volver a escuchar hoy Open your Mind es como encontrar buena parte de la historia de los breaks concentrada: todos las sensibilidades están ahí, todas las direcciones son posibles, la miniatura de un mundo enorme.
Varios · Artcore (1995)
1. Soundman & Don LLoydie feat. Elizabeth Troy – Greater Love (T-Power Retro Grade ‘n’ Motion Mix)
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2. Ommni Trio – Looking for the future
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3. Alladin – We enter (Deep Forest Dub Vip Mix)
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4. Austin Reynolds – Tranquility (Exclusive Technarchy Remix)
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5. DJ Krust – Jazz Note
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6. Jazz Juice – Jazz Juice
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7. Sounds of Life – Currents
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8. DJ Crystl – Sweet Dreams
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9. Justice – Soothe My Soul (Blame Remix)
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10. Rougue Unit – Dance of the Sarooes
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11. DJ Phantasy – Atmosphere (Alex Reece Remix)
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12. Little Matt – Sparkling (Exclusive Mix)
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13. Link – Amenity (Chameleon Remix)
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