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Manuel Göttsching – E2-E4

Manuel Göttschin - E2-E412 de diciembre de 1981. Manuel Göttsching aterriza en su estudio de Berlín tras una intensa gira por Europa junto a Klaus Schulze. El alemán toma una bebida, enciende su equipo y graba para sí mismo una improvisada pieza de casi una hora de duración. Sin cortes. Sin repeticiones. Göttsching decide enviar la cinta a Schulze y hasta ahí fin de la historia. Tres años más tarde el propio Schulze llama a Göttsching, le pide permiso para publicar la obra en su sello Inteam y el alemán accede. Cuando E2-E4 ve la luz en 1984 coge a todo el mundo desprevenido. El track no vende bien y meses más tarde el sello de Schulze va a la ruina. Los críticos de la época no tardan en lanzarse sobre él como buitres. Un redactor de la revista Audio afirma que ver a dos jugadores de ajedrez disputando una partida resulta más emocionante que escuchar el disco. Otro lo califica de banal, aburrido y falto de inspiración, mientras que desde la influyente revista Zitty se asegura que no hay excusa alguna para este álbum, y que más que música, es un pecado. Un buen día el disco cae en manos de Larry Levan, quien no duda en emplearlo para cerrar sus míticas sesiones del Paradise Garage, haciéndolo famoso en todo el mundo. Fascinado ante aquel collage de ritmos infinitos, dicen que Levan llegó incluso a pedir que sonara en su funeral. Sólo entonces la revista Zitty escribiría otro artículo pidiendo disculpas. Homenajeado, remezclado, prostituido y mutilado a partes iguales, E2-E4 está hoy considerado como uno de los discos más influyentes del pasado siglo. Una obra cuyos orígenes se remontan a los días del LSD, las melenas al viento y el rock psicodélico…

Interludio kraut

Berlín, finales de los sesenta. La capital germana vive dividida por 150 kilómetros de hormigón, las revueltas estudiantiles y dos generaciones de músicos que caminan por sendas diferentes. Por un lado, los representantes de la vieja escuela, enclaustrados sin retorno en la escena jazz tradicional. Por otro, un puñado de adolescentes que han crecido a ritmo de pop y rock anglosajón pero que poco a poco comienzan a reclamar una identidad propia a través de su música. Por el día ensayan en sus garajes y estudios-dormitorio. Por la noche se reúnen en el Zodiac Club, donde es habitual encontrar actuando a bandas primerizas como Kluster, Agitation Free o Tangerine Dream. Cada grupo cuenta con un sonido propio, pero todos comparten una misma obsesión: la de abrirse a las nuevas tecnologías, traspasar fronteras y explorar nuevos horizontes musicales. En 1968 muchos de aquellos jóvenes encontraron en el Berlin Electronic Beat Studio un hogar donde estudiar técnicas de composición, conocer nuevas disciplinas y desarrollar sus ideas. Y todo gracias a la labor de su impulsor: Thomas Kessler.

Músico electroacústico, profesor avantgarde e introductor de los primeros sintetizadores en Alemania, Kessler contaba entre sus alumnos con figuras como el propio Manuel Göttsching, Klaus Schulze, Edgar Froese, Conrad Schnitzler o Lutz Ulbrich. Fue él quien les acercó a la música académica, quien les enseñó a trabajar con cintas y les mostró la obra de maestros como Karlheinz Stockhausen, La Monte Young, Steve Reich o Terry Riley. Kessler marcó así un antes y un después en la vida de aquellos jóvenes y hoy figura como uno de los nombres esenciales para comprender lo que se conoce como la Escuela de Berlín. No en vano, todos ellos han reconocido la enorme influencia que éste tuvo sobre su música, en especial Manuel Göttsching: “fue muy importante para mí. Lo considero mi maestro.”

Ash Ra Tempel: Klaus Schulze, Manuel Göttsching, Hartmut Enke © kdm archivesPor aquellos días Göttsching tocaba la guitarra en una banda local junto a su compañero de clase Harmurt Enke. Influenciados por artistas como The Rolling Stones, Jimmy Hendrix o Cream, con apenas 15 años comenzaron versionando a sus ídolos adolescentes para lanzarse poco después a sus primeros ejercicios de improvisación. Pero no es hasta 1970 cuando el alemán se embarca en su primera gran aventura. Aquel verano Enke regresa de un viaje por Londres y lo hace cargado con un espectacular equipo de segunda mano que había pertenecido a Pink Floyd. Ese mismo día Göttsching y Enke corren a su pequeño estudio de Pfalzburgerstraße para instalar el equipo y casualmente Klaus Schulze se deja caer por allí para comunicarles que ha dejado Tangerine Dream. Cuando Schulze ve aquellas pantallas sus ojos comienzan a hacerse más y más grandes, y en un arranque de entusiasmo les propone formar una nueva banda. Nace así Ash Ra Tempel, grupo seminal en la corriente free rock alemana de los 70, más conocida como krautrock.

En 1971 nace el primer álbum homónimo de la banda. Apoyados por el mítico productor Conny Plank, auténtico padrino del krautrock, el disco cuenta con dos largos pasajes cargados de psicodelia, ambientes sofocantes, riffs de guitarra y viajes espaciales. Tras la grabación de su ópera prima, Schulze decide dejar la banda para iniciar su carrera en solitario, pero esto no impide que Göttsching y compañía publiquen discos tan influyentes como Schwingungen, Seven Up (basado en los conceptos del gurú del LSD Timothy Leary, por aquellos años en busca y captura por EEUU) y Join Inn, de nuevo con la colaboración de Schulze. Tres orgías a medio camino entre el rock cósmico, los ritmos progresivos y la locura psicodélica. Ya en 1973, durante el transcurso del mítico concierto en el Weishause de Colonia, Harmurt Enke deja de tocar en mitad del espectáculo y poco después abandona definitivamente la música. Tras la marcha de Enke, Ash Ra Tempel nunca volvería a contar con un bajista entre sus filas. Finalmente Göttsching decide continuar con la dirección del grupo en solitario, publica Starring Rosi e interviene en unas improvisadas bacanales rítmicas organizadas por el dueño del sello OHR en las que, bajo el nombre de The Cosmic Jokers, varios músicos hasta arriba de sustancias tocaban sin saber que estaban siendo grabados.

En su afán por explorar nuevos terrenos musicales, Göttsching crea su propio estudio y comienza a experimentar con el que por entonces era su único instrumento. El objetivo, hacer sonar la guitarra como nunca antes había sonado. Fruto de esta odisea, en 1974 nace su primer álbum como solista: Inventions For Electric Guitar. En línea con los primeros ejercicios minimalistas de Terry Riley (su obra In C, compuesta en 1964, está considerada la primera composición minimalista de la historia) y sobre todo con los trabajos de Steve Reich (desde sus esquizofrénicos Early Works hasta sus posteriores composiciones para piano, violín y marimba que culminan en la preciosista Music For 18 Musicians), Göttsching da vida a una maraña de secuencias superpuestas con su Gibson Les Paul en el papel de protagonista. Ni rastro de electrónica; tan sólo una sucesión de guitarras y efectos que consisten en pasar alternativamente las cintas a doble o mitad de velocidad, e incluso al revés. El resultado, tres hipnóticos pasajes de corte minimalista que nos transportan por distintos ambientes al son de un rumor de guitarras.

Manuel Göttsching © Klaus D. MuellerSuperado el reto, Göttsching decide emprender una nueva aventura y para ello aprende a tocar los teclados. Apoyado técnicamente por Michael Hoenig, en 1976 publica New Age Of Earth, un álbum cargado de atmósferas y texturas sintéticas que consolidan el acercamiento del alemán a un nuevo modo de entender su música. Él mismo se encargaría de anunciarlo en la contraportada: Constantly searching. Not wishing an end. Prefer a surprise. Not everything planned. So you´ll always be in the new age of Earth. El disco sale al mercado acompañado de la etiqueta ‘música electrónica’. Sin embargo, al igual que en Inventions For Electric Guitar Göttsching no emplea ningún secuenciador para componer su música, sino que se sirve únicamente de teclados, sintetizadores y su inseparable guitarra. Dos años antes de que Brian Eno diera el pistoletazo de salida -con permiso de Satie, Ligeti, Cage, Tonto Expanding, Popol Vuh, Cluster, Tangerine Dream y tantos otros- a la música ambient con su Music For Airports, en New Age Of Earth Göttsching ya se adentra en un nuevo mundo de paisajes oníricos y melodías sedantes que planean hasta sumergirte en una profunda ensoñación.

Durante los años siguientes Göttsching se mete de lleno en las nuevas tecnologías, relanza su grupo bajo el nombre de Ashra y en un acercamiento al pop/rock electrónico publica álbumes como Blackouts, Correlations y Belle Alliance. Ya en 1980 produce Die Dominas, un desenfadado experimento minimalista para el cual Karl Bartos y Ralf Hütter, además de diseñar el artwork, aportan dos composiciones de cuerda. Curiosamente, este aparentemente inofensivo 10” inspiraría años más tarde a los chicos de Basic Channel en la grabación de su célebre Domina y hoy representa una codiciada pieza de colección al alcance de muy pocos bolsillos.

Por fin, en diciembre de 1981 Göttsching graba su obra más famosa e influyente. Escondida bajo un peculiar título que alude al bueno de r2-d2, al lenguaje de las primeras computadoras y a la popular apertura de ajedrez que justifica su portada, E2-E4 surge como una improvisada pieza de casi una hora de duración dividida en nueve pistas ininterrumpidas. Un intenso viaje cuyos primeros compases parten del más absoluto silencio. Poco a poco la música alza el vuelo y en apenas unos minutos ya bate sus alas hacia un mar de repeticiones, ecos infinitos y ritmos que cabalgan y se reciclan una y otra vez hasta perderse en las profundidades. Aparecen entonces las primeras melodías y comienza la descarga de endorfinas. El track sigue fluyendo, como una nana electrónica que te abraza y te mece, te agita y te arroja a un anestesiante letargo. Parece que el ritmo cesa, pero entonces surge la guitarra de Göttsching, primero tímida, después inspirada y brillante. Y cuando uno cree que ya lo ha escuchado todo, siempre descubre algo nuevo, como que a lo largo de todo el corte el bombo ha estado golpeando tres veces y no cuatro. El viaje continúa, y así hasta que guitarra y sintetizadores se funden en una apoteosis que se extiende hasta las últimas notas. Por fin se hace la calma, y la música cesa.

Más allá del espacio y el tiempo

La publicación de E2-E4 en 1984 vino acompañada de rechazo e incomprensión por parte de la crítica e indiferencia y apatía por parte de los artistas. Apadrinado por Larry Levan, el corte fue poco a poco introduciéndose en la escena de clubs neoyorkina y en apenas unos años ya conquistaba las pistas de medio país. Los homenajes no tardaron en llegar, y con ellos los destrozos. En 1989 los italianos de Sueño Latino ven un filón en el trabajo de Göttsching y sin más miramientos lo convierten en un grotesco rompepistas. Bastó marcar el beat y añadir unas melosas voces en italiano para que el hit saltara por los aires en las listas británicas, convirtiendo al alemán en una especie de héroe bastardo de la generación rave. Por suerte, en 1992 Derrick May supo reconvertir aquella broma pesada en un inspirado ejercicio de composición y melodías interminables. Dos años más tarde un joven Carl Craig y de nuevo los chicos de Basic Channel se aliarían para rendirle su personal homenaje con Remake (Basic Reshape). Pero la lista no termina aquí. Desde Alex Patterson hasta Ame, pasando por Prins Thomas o Joe Claussell, son muchos los artistas que han reconocido de alguna manera la influencia de Göttsching en su obra. Incluso el pirata de James Murphy, admirador confeso del alemán, no tuvo reparos en plagiar recientemente la portada en uno de sus trabajos para la marca Nike.

Manuel Göttsching © AshraEl artista nipón Ken Ishii afirmó en una ocasión que “E2-E4 fue el inicio de una era musical. Era tremendamente parecido al house en lo que a estructura musical se refiere, pero lo más sorprendente es que fue grabado varios años antes de que este género apareciera.” Ian Pooley va más lejos todavía: “siempre pensé que los tipos de Detroit eran los verdaderos innovadores del nuevo sonido techno. Después de oír E2-E4 he de decir que Manuel fue el hombre que lo cambió todo.” Y no le falta razón. E2-E4 marcó para siempre la visión de creadores como Juan Atkins, cuyo acercamiento al espacio exterior se haría patente en sus trabajos como Model 500, o Derrick May, el cual se pasaba semanas enteras escuchándolo y poco después lo convertiría en un clásico del Music Institute. Pero E2-E4 no es sólo un himno para la generación techno. Es una piedra angular, un crisol electrónico, un cruce de caminos donde confluyen Thomas Kessler y Larry Levan, Karlheinz Stockhausen y Carl Craig, Steve Reich y Joe Claussell.

Decía Timothy Leary que el hombre no está en el espacio, sino en el tiempo. Algo parecido ocurre con E2-E4. No sólo ha sobrevivido indemne al paso de los años y superado las barreras del espacio -de Berlín a Nueva York, de Detroit a Chicago y de ahí al mundo entero-, sino que la sombra de su legado ha crecido con el tiempo y hoy alcanza a miles de artistas, impregnando su música, inspirando su trabajo. Y así seguirá siendo mientras la música sea música y el hombre siga emocionándose ante ella. Porque esto es precisamente lo que hace grande a la música en general y a un puñado de discos en particular: su mensaje va más allá del mero soporte, más allá del espacio e incluso del tiempo. Sobrevive en cada uno de nosotros, y lo hace eterno.

Guillermo M. Ferrando

Manuel Göttsching – E2-E4

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ENLACES RELACIONADOS

Web oficial de Manuel Göttsching

Myspace Manuel Göttsching

Myspace Ash Ra Tempel 

E2-E4 live (first time on stage)