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313: Techno City

DEMF 2000 por ZeekohCorría el año 2000 y el DEMF se presentaba en sociedad para rendir el primer homenaje al techno en su ciudad natal y, ya de paso, saldar una deuda que iba para 15 años. Con Carl Craig como director artístico al frente, el festival podía presumir de ofrecer un imponente cartel en el que los nombres consagrados se entremezclaban con otros artistas locales de menor envergadura. Pese a encabezar el ranking de ciudades más peligrosas de EEUU, Detroit vio cómo durante tres días la ciudad se llenaba de energía, fiestas espontáneas y technoheads llegados de todas partes del mundo. Tres días de celebración. Tres días sin un crimen que reportar. Autoridades y organización podían respirar tranquilos. Misión cumplida. Todo parecía ir sobre ruedas hasta que dos años más tarde saltó la noticia: Carl Craig era despedido por un supuesto incumplimiento de contrato. A partir de ahí Derrick May primero y Kevin Saunderson después aceptarían el encargo de dar forma al evento, si bien ambos terminarían tirando la toalla poco más tarde. Y así hasta que en 2006 la plataforma Paxahau decidió hacerse cargo del festival, rebautizarlo como Movement y abrirlo definitivamente al techno internacional. Un hecho a priori positivo pero que a la larga ha dado pie a un importante grado de intrusismo y comercialidad. Y es que si siempre se agradece poder ver a figuras como Rhythm & Sound, Monolake, A Guy Called Gerald, Benga, Baby Ford o Vladislav Delay, uno no puede más que sacudir la cabeza al ver nombres como los de Loco Dice, James Zabiela, Deadmau5 o Benny Benassi.

La cuestión es que con esta edición el Movement cumplía diez años y lo hacía confirmando su progresivo acercamiento al pseudominimal europeo. Entre tanto modernismo todavía quedaba espacio para acoger a un buen número de artistas locales y viejas glorias vecinas como Dj Godfather, Afrika Bambaataa o el gran Francois K, encargado de recibirnos el sábado desde el main stage. Uno iba con la idea de degustar un set cargado de sonidos clásicos, un poco de disco, otro poco de garage, una pizca de soul… Pero no. El francés quiso mimetizarse con el entorno y terminó lanzándonos un ladrillo a base de techno y minimal anodino, amén de varios revulsivos camuflados en forma de guiños como el Knights of the jaguar o el Strings of life. Carl Cox asomaba ya por la cabina, por lo que decidimos acercarnos a curiosear por el Beatport Stage para encontramos a un Adam Beyer inmerso entre graves saturados, brazos en alto, subidones de segunda y un discurso inexistente. Una y no más. Mejor parados salieron de su actuación A critical mass, o lo que es lo mismo, la nueva big band que se ha montado la gente de Innervisions. Y para allá que fue la masa, crítica y no tan crítica, a verles desmenuzar algunos de sus tracks más celebrados, desde el Rej hasta el Where we at, pasando por su remezcla del Crocodile de Underworld. Melodías familiares, transiciones sutiles y en general buenos acabados, aunque no dejaba de tener su punto histriónico ver a cuatro tipos detrás de sus portátiles meneando la cabeza y lanzándose sonrisas en plan esto marcha, chicos.

A Critical Mass: Âme, Dixon, Schwarz

Y si a cielo descubierto nos daban una de cal y cuatro de arena, en el escenario Made in Detroit no había quien parara. Parapetado en un recinto subterráneo, lo que a primera vista parecía el último reducto del underground pronto se tornó en un espacio asfixiante, con un sonido lamentable y un ambiente cargado hasta el punto de rozar la claustrofobia. Al parecer el escenario había permanecido cerrado durante los últimos años debido a los evidentes problemas de sonido, pero por algún motivo los organizadores decidieron recuperarlo para esta edición y meter allí a buena parte de los artistas locales. Maldita la hora. Y es que lo que podía haber sido una tarde de gloria con Delano Smith, Mike Clark, Rick Wade y Mike Huckaby se quedó en un grave omnipresente que engullía cualquier atisbo de vocales y melodías a su paso. Algo más llevadera fue la actuación del colectivo Detroit Techno Militia, con una sesión a cuatro platos entre Dj Seoul y T. Linder cargada de clásicos atemporales y mala baba. Pero si hubo alguien capaz de hacernos olvidar aquel infierno por un momento, esos fueron Octave One. Había ganas de ver a los Burden en su propio territorio y estos nos respondieron con uno de los directos más salvajes que uno recuerda. Inmensos desde el primer minuto, retorciendo las máquinas sin descanso hasta dar vida a una tormenta de techno en la que el único respiro llegó con la entrada del Blackwater. Y pensar lo que podía haber sido aquello con el sonido adecuado… Señores de Paxahau, cierren ese agujero con siete llaves y arrójenlas al Lago Michigan. O mejor, llévense allí a todos esos gurús de la electrónica mínima y sus cacharros. Lo que sea, pero no olviden que fue por estos artistas locales, por estos pioneros, por los que el festival que hoy tienen entre manos fue concebido.

Octave One

Detroit Techno Militia: T. Linder y Dj Seoul

Quizá para compensarlo la organización se reservó a un contingente de artistas de Detroit para cerrar el festival desde el main stage: Carl Craig primero, Los Hermanos y Kevin Saunderson después y, finalmente, Derrick May. Cierto es que cada vez resulta menos complicado ver a estos titanes actuando por Europa. Incluso que el factor sorpresa va menguando con los años. Pero el hecho de jugar en casa suponía un motivo más que suficiente para no despegarse del escenario principal en toda la tarde. Unos horarios intempestivos nos llevaron a perdernos buena parte del set de Craig, pero lo que pudimos oír no distaba mucho de lo que suele pinchar habitualmente: techno contenido, clasicazos del tipo Energy Flash o The Bells y mucha producción propia, incluyendo joyas de antaño como Throw. Tras él le llegó el turno a Los Hermanos, quienes facturaron un directo con todas las letras -percusión, guitarras, violines y maquinaria incluidos- en el que cayeron cortes como Aguila, Quetzal, Alia y como cierre un Knights of the jaguar sonando, esta vez sí, en todo su esplendor. Y así, con una sonrisa boba sobre la cara recibimos a Kevin Saunderson, que se las apañó para borrárnosla de un sopapo a base de techno inofensivo, clichés varios y de nuevo castigo en forma de minimal. Ni siquiera misiles como Move your body, Rock to the beat o el predestinado Big fun consiguieron enderezar aquello. Y cuando ya lo dábamos todo por perdido y el público parecía darse por satisfecho y la decepción comenzaba a pesar sobre nuestras piernas, Derrick May apareció en escena.

Derrick May

Lejos de tomar el camino fácil –esto es, repartiendo bombo a diestro y siniestro– May optó por dar un rodeo y echar un pulso a la audiencia. Primero, bajando considerablemente el ritmo impuesto por Saunderson. Segundo, retomando el vuelo con mimo y coherencia. Disco sobre disco. Piedra sobre piedra. A partir de ahí dejó mucha música nueva, momentos épicos, mezclas perfectamente ensambladas y apenas un par de clásicos que por lo general aparecían en el momento y el lugar adecuados. Pero aquello iba más allá de la música. Y es que pocos djs cuentan con ese manejo de los tiempos, esa habilidad para sacudirle a uno y alcanzar cotas de intensidad a prueba de oídos curtidos. En definitiva, una sesión de altura que permitió cerrar el festival con más gloria que pena. En cuanto a las pérdidas irreparables, nos quedamos con ganas de ver los directos de Kevin Reynolds, Flying Lotus, Luke Hess o Neil Landstrumm y las sesiones de Osulande, Benga, Deeon y compañía, pero entre lo apretado de los horarios y el crimen perpetrado en el escenario Made in Detroit no hubo manera. También Kenny Dixon Jr., a quien podía verse en el stand de KDJ vendiendo discos y camisetas, nos dejó sin su tradicional fiesta Soul Skate. Por lo demás, dicen que Ellen Allien enamoró con el Township Funk de Dj Mujava, que los hermanos Wighnomy hicieron apología del vinilo en pleno escenario Beatport bajo el lema Download electronic music, que Benny Benassi tiró de rarezas como Blur, MGMT, Chemical Brothers o The Killers y que ninguna chica guapa quiso perderse el mano a mano entre Luciano y Loco Dice.

No nos engañemos: el Movement dista mucho de ser un festival underground, y como la inmensa mayoría de festivales que afloran por el mundo, éste también ha perdido su inocencia. El público mayoritario raramente supera la veintena, los cibergóticos campan a sus anchas y a la mayoría lo mismo les da ocho que ochenta. Basta con echarle un ojo al vídeo promocional y sus principales reclamos para hacerse una idea. Quizá por ello Juan Atkins no se dejara ver por allí, e incluso Mike Banks, quien nunca entendió aquella música como un mero instrumento de diversión, decidiera echar el cierre a Submerge. Dicho esto, no podemos olvidar que el Movement representa el primer y único homenaje al techno en la ciudad que lo vio nacer, y que figuras como Carl Craig, Kevin Saunderson o Derrick May siguen luchando año tras año por hacerlo posible. Por suerte, desde la plataforma Paxahau ya han anunciado el retorno de Craig como director creativo para la edición de 2010, lo que hace mirar al futuro con cierta esperanza.

Guillermo M. Ferrando

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