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Electrónica en Abril : Dopplereffekt + NHK

Electrónica en Abril, el pequeño festival de tres días de música electrónica que se celebra cada primavera en La Casa Encendida de Madrid, alcanzaba este año su séptima edición. Con una selección, como de costumbre, plagada de artistas de muy diferentes escuelas, y con la loable misión, año tras año, de difundir en la medida de lo posible, el lado oscuro de esa otra electrónica menos inteligible para el clubber medio y el público en general, a unos precios subvencionados más que populares.

Ritmos y composiciones que huyen de la inmediatez, del bombo sudoroso y del canibalismo atroz que se propaga con nocturnidad y alevosía por las pistas de baile como un virus corrosivo, proporcionando a los artistas un pequeño santuario donde ofrecer sus obras, en un entorno idílico y ante un público formado, que debería asistir a estas propuestas con el espíritu del que acude a purificar y alimentar su alma con cultura electrónica.

Dos nombres sobresalían de entre el resto de propuestas. Por un lado la primera visita de Gerald Donald a Madrid. Y por otro, los japoneses de NHK, huestes de los tan en boga últimamente, Raster Noton.

Dopplereffekt

Gerald Donald pertenece, sin duda, a la estirpe más sagrada de la electrónica moderna. Desde sus inicios en la mítica nave nodriza de Drexciya, junto al desaparecido Stinson (con quien surcaba las profundidades submarinas revolucionando por completo el electro allá por los 90´s), pasando por sus múltiples proyectos como Der Zyklus, Japanese Telecom o Arpanet, el de Detroit, se ha caracterizado siempre por una reinvención constante de su propia obra, una metamorfosis exhaustiva que ha dado como resultado un sonido característico como pocos, definitorio de un estilo, y que ha sabido madurar al amparo de su creador, transcendiendo en muchas y diferentes visiones de un mismo sonido, que en sus manos, alcanza altas cotas emocionales y creativas.

Dopplereffekt

Los continuos cambios de identidad, la negativa rotunda a conceder entrevistas, la escasa información que siempre acompaña a sus trabajos, el simbolismo de su obra, sus provocaciones soterradas (se inspiró en todo un jefazo de la SS Nazi para su alter ego de Heinrich Müller), la simbiosis con temas tan dispares como la filosofía, la política, el sexo, el cine o el avance tecnológico y científico… Múltiples elementos que no han hecho más que circunscribir un halo de misterio a todo su legado, y que nos ha llevado a mitificar sin duda todo lo relacionado con él. Un tipo escurridizo como pocos, obsesivo con su obra, esquivo con sus seguidores, y que no ha sido, hasta hace escasamente dos años, cuando se ha decidido a presentar su obra en directo.

Una idea que se centra en lo musical y en lo visual, dejando en un segundo plano la figura ejecutora de Donald. Un live nada convencional para los tiempos que corren y que genera controversia allá por donde pasa.

Con los 10 minutos de retraso de rigor, aparecían en escena parapetados tras sus tradicionales máscaras negras los dos componentes de Dopplereffekt: Gerald Donald, que se situaría en esta ocasión a la derecha, y su inseparable esposa, Kim Karli, a la izquierda. Tras ellos una gran pantalla donde se proyectarían los visuales. Los dos sintetizadores Korg que siempre utilizan en directo, un Triton Studio 88 para ella y ligeramente más alto, un Triton LE de sesenta y una teclas para él. Ambos conectados gracias a un cable MIDI que permite a Donald modificar y reprogramar los parámetros del Triton Studio.

Dopplereffekt
Dopplereffekt

La figura estática y sumisa de Kim (quien no tocará su Triton más de media docena de veces), se convierte en una mera convidada de piedra, en contraposición a un Gerald que se muestra hiperactivo, lanzando sin descanso capas y capas de sonidos que siguen milimétricamente a su nerviosa mano izquierda. Un corta y pega detallista, preciosista, minucioso, que nos sumerge desde el principio en ese mundo subacuático, repleto de tonalidades y donde, ese sonido de sintetizador marca de la casa lo envuelve absolutamente todo.

Desde que publicará en 2003 “Line Accelerator”, Gerald Donald se ha ido alejando progresivamente de las composiciones enfocadas al 12” y al club, para acercarse, cada vez más, a la idm y al ambient de una manera mucho más conceptual, con LP´s que buscan una especie de electro mental de dimensiones desconocidas hasta entonces, un pensamiento que estaría mucho más cerca del ambient Pete Namlook que del electro-funk de Afrika Bambaataa, más próximo a la idiosincracia de Warp que a la de UR. El live discurre por estos parámetros durante su primera parte, donde el bombo desaparece por completo y las melodías ensoñadoras y pragmáticas tienen todas las de ganar.

En el último tramo nos descubren por fin ese ansiado bombo, que retumbará con fuerza en los cristales del patio de La Casa Encendida y que le insuflará un aire mucho más animado al asunto.

Tarea complicada la de diseccionar el set list por la cantidad innumerable de pequeños fragmentos de tracks, muchos de ellos inéditos, que iban desplegando nuestros protagonistas. Alguno de ellos reconocibles, como los sonidos robados del “Hyperelleptic Surfaces” , del “Dimension 11” y del “Non Vanishing Harmonic Spinor” del "Calabi Yau Space", (que diseccionará y repartirá estratégicamente por todo el live), “Quasar” y una versión de similar cadencia al “Roche Limit” de Der Zyklus.

Dopplereffekt

Todo ello acompañado por las mismas visuales que tantas veces hemos visto en Youtube de su paso por Paris, Malmö, el Kontrammusik Festival o Amsterdam. Imágenes que hacen constante referencia al artwork de sus trabajos, al CERN, la usual imagen de la hoz y el martillo portada del mítico recopilatorio "Gesamtkünstwerk" o un Gerald Donald amenazante bajo su disfraz de científico. Y todo esto bajo un sonido un tanto deficiente y acartonado para la calidad acústica que una propuesta así se merecía.

Una hora escasa que dejó un mar de sensaciones encontradas en todos aquellos fans que siempre soñaban con el día de ver a Gerald Donald en directo. Sensaciones contradictorias por la frialdad y el hermetismo de Gerald Donald ante su público, por la sensación de que todo se ajusta a un guión preestablecido, que todo está siempre bajo su estricto control. En contraposición, lo inusual de una puesta en escena, y de una ejecución lejos de los cánones actuales, que terminó en verdadera fascinación ante la descarga sonora que se había producido.

Tras un cruce de miradas entre Gerald y Kim, estos abandonan la nave y corren apresurados hacia la salida, mientras, en un escenario ya vacio, contínuan sonando los últimos acordes del live, ante la mirada atónita de un público no acostumbrado a estos finales tan abruptos y a que las máquinas continúen por su cuenta el concierto.

Todo el misticismo que siempre ha rodeado al mundo de Drexciya se ha convertido, con el paso del tiempo, en un arma de doble filo para el mismo Gerald Donald, prisionero de su propio personaje enigmático y de su filosofía vital única.




 

NHK

Kouhei Matsunaga y Toshio Munehiro forman NHK durante 2006 en Osaka. De Munehiro no sabemos mucho: se estrena en cuestiones de producción. Pero Matsunaga es un veterano de la escena japonesa. Nacido en Osaka, comenzó creando techno y hardcore, sus grandes influencias junto al hip hop, el metal más extremo y el breakbeat. Lleva desde el 92 experimentando y colaborando con gente tan diversa como Merzbow, Watermann, Sean Booth, Sensational (ex Jungle Brothers), Paul PM o Mika Vainio. Ha publicado en lugares tan acreditados como Mille Plateux, Tigerbeat6, Prele, Deserted Factory o los italianos de Blade Records, y desde el 2002, publica también música experimental contemporánea desde la plataforma Flying Swimming. Sin duda un tipo a seguir por su inagotable trabajo y la particularidad de su sonido.

NHK se mueven como peces en el agua por los corredizos angostos del noise y el doom opresivo, catalizándolo, sin ninguna condolencia, hacia pasajes donde bases demoledoras hacen el trabajo sucio, creando en conjunto una atmósfera industrializada y de gran vilurencia auditiva. Los japoneses supieron exprimir al máximo las posibilidades sonoras del recinto y con ellos, el habitual hándicap de La Casa Encendida y su sonido enlatado quedaron para el recuerdo.

NHK

NHK

Como intro, un proyectil directo contra nuestros indefensos cuerpos, atemorizando a más de uno con una descarga imprevista de bajos ultrasónicos que golpeaban violentamente. Bajos que podías sentir físicamente, palpar, y casi tocar. A partir de ese momento, ruidismo taladrante sobre el que aparece una desgarradora base, pesada a veces y otras heredera del hip hop. Ritmos mecanizados, chispazos de hardcore, descargas eléctricas que se distorsionaban por momentos, haciendo añicos cualquier estructura convencional, construyendo y deconstruyendo a su antojo el hilo conductor de este entramado tan sumamente creativo que han ideado para Raster Noton, el imprescindible Unununium.

Un sonido oscuro, anárquico, frío y contundente, que suena a techno digitalizado en el siglo XXI, de clara vocación industrial y transgresora, y que hizo que más que uno saliera pensando que todavía no está todo escrito en esto en la electrónica moderna.


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