blogger statistics

Jeff Mills & Laurent Garnier @ Rex Club

Jeff Mills by Florent Brunel

Con motivo de su vigésimo aniversario y bajo el lema celebrating 20 years of electronic music, el Rex Club se convirtió durante el pasado mes de mayo en el epicentro de la música electrónica a nivel internacional. El culpable, un cartel plagado de luces y alguna que otra sombra (véase los pupilos de Richie Hawtin o Ellen Allien, icono de masas por obra y gracia del marketing) con el que el club ofrecía un suculento menú en el que el verdadero plato fuerte llegaba a los postres: Jeff Mills y Laurent Garnier protagonizando sendos all night long.

En el caso de Garnier, parece que el francés le ha cogido el gustillo a eso de embarcarse en sesiones maratonianas como las de antaño, ya sea en pequeños clubes como The End, macrofestivales como el Time Warp o en ese infierno de sol y arena llamado Monegros. Algo más difícil, por no decir imposible, resulta ver al americano en acción durante 8 horas seguidas. Ni siquiera en Tokio, ciudad a la que se siente íntimamente ligado tanto emocional como musicalmente y donde cada vez es más frecuente verle actuar.

Mucho ha llovido desde que en 1988 el Rex abriera por primera vez sus puertas a la electrónica. Aquel año Garnier estrenaba residencia en el mítico club The Haçienda y se infiltraba cada fin de semana en la campiña inglesa para hacer bailar a miles de hooligans amansados por el éxtasis. En lo que a Mills respecta, su militancia en el proyecto de techno industrial Final Cut y sus célebres sesiones para la emisora WJLB como The Wizard no eran más que el inicio de una fructuosa carrera que llega hasta nuestros días. 20 años de electrónica, dos maestros al mando y 16 horas de música por delante. Arde París.

Detroit, je t’aime

Después de una larga jornada pedaleando por las calles de París por fin llegó la hora de acudir al Rex. Nada más entrar en la sala comprobamos que tanto el ambiente como el sonido iban a estar a la altura de las circunstancias, y lo que es mejor: el de Detroit parecía decidido a dejar a un lado su faceta más dura para hacer un repaso a la historia de la electrónica reciente. Así, sólo durante la primera parte de su sesión The Wizard se movió con soltura entre clásicos de la Windy City, house de la Costa Este, cortes de la era disco y, en definitiva, todo aquello de lo que este hombre se ha nutrido y lo ha convertido en lo que es: un productor que no admite comparaciones, un animal de los platos, un extraterrestre.

A partir de ahí tratar de describir la sesión de Mills sería como subirse a una montaña rusa, pero a la inversa. Y es que su set estuvo cargado de intensas subidas, siempre acompañadas de gritos y euforia, y deliciosas bajadas de ritmo que desembocaban en pequeñas joyas de distintos géneros y estilos y, ya de paso, nos permitían coger aire. Así, tan pronto estabas gritando aquello de Wake Up! o sudando la gota gorda al ritmo de The Bells que te veías a ti mismo sonriendo ante sorpresas inesperadas como el Is It All Over My Face de Loose Joints o el Preaches & Prunes versionado por Ron Hardy.

Jeff Mill by Florent Brunel

Acompañado de su Roland 909 (homenaje a UR en forma de pegatina incluido), el de Detroit fue destrozando uno a uno todos los tópicos que apuntan sobre su figura. Impecable en las mezclas, demostrando un bagaje musical libre de fronteras, Mills supo manejar a su público a la largo de un intenso viaje en el que hubo tiempo para EBM y synth pop (con el Bostisch de Yello y Los Niños Del Parque de Liaisons Dangereuses como mejores representantes), para el techno mínimo de Rob Hood y DBX (primero con Live Wire y poco después con el genial Losing Control), pasando por un sinfín de himnos como Strings Of Life, Final Frontier, High Tech Jazz, Knights Of The Jaguar remezclado por Derrick May, Noctorbulous Behavior, Good Life o Move Your Body, sin duda uno de los momentos más emotivos de la noche.

Debían de ser las siete de la mañana cuando Mills decidió bajar el ritmo para encarar la recta final de su sesión. Lejos de recurrir al techno como muchos hubieran esperado, el americano comenzó entonces a meter un house que por momentos parecía mutar en garage e incluso en funk, transportándonos de París a Nueva York en cuestión de minutos. Imposible describir con palabras la energía que recorría el Rex con no más de 50 personas en la sala. Cosas como éstas son las que justifican cientos de kilómetros recorridos y una cuenta en números rojos. Cosas como éstas son las que reconcilian a uno con el mundo y hacen a la electrónica aún más grande. Y como broche final nada menos que The Man With The Red Face en un guiño a su amigo y sucesor para la noche del sábado, monsieur Laurent Garnier.

Despedida a la francesa

Tras lo vivido la noche anterior con Jeff Mills, nuestra cita con Garnier prometía convertirse en una de esas sesiones difíciles de olvidar. Como era de esperar el francés comenzó tranquilo, dibujando atmósferas cercanas al dub techno, el ambient y la IDM. Poco a poco fue endureciendo el discurso, aquellos sonidos reposados dieron paso al house y al techno y los clásicos no se hicieron esperar. Cortes como el Positive Education de Slam, Acid Thunder de Adonis, el esquizoide Astral Dreams y, cómo no, The Bells en respuesta al homenaje del amigo Mills se combinaban con pequeñas sorpresas como el mítico The Chase de Giorgio Moroder, arrancando más de una sonrisa sobre la pista de baile. Mejor aún fue cuando el francés dejó caer su tema fetiche, el Don´t You Want Me de Davina, y poco más tarde su buque insignia, el colosal The Man With The Red Face, desatando así la euforia del respetable.

Con el público totalmente entregado el francés se dejó seducir por los cantos de sirena y lanzó algún que otro rompepistas como el polémico Total Departure aka La Turbina, el último hitazo veraniego a cargo de Christian Smith y John Selway. Por suerte no tardó en contrarrestar aquel empacho de techno a reacción con el soberbio Dangerous Drive, inundando así de oscuridad la pista del Rex. La sesión prosiguió su camino a ritmo de Detroit techno, de melodías infinitas de esas que tan bien se le dan al francés, algo de moderneo, alguna que otra pincelada de trance y un especial himnos del rock n’ roll con cortes totémicos como el Gloria de los Doors o el I Wanna Be Your Dog de los Stooges.

Laurent Garnier by Florent Brunel

Con el reloj marcando las cinco el francés agarró el micrófono e invitó a todos los presentes a tomarse algo a cuenta de la casa. Mientras tratábamos de descifrar su mensaje un éxodo de franceses ya corría hacia las barras, algo comprensible teniendo en cuenta el precio de las consumiciones en la capital gala. Por suerte para nosotros, Garnier aprovechó la coyuntura para soltar el Amazon de UR, con la consiguiente locura colectiva. A partir de ahí más techno, más house, una pizca de drum and bass y de nuevo retahíla de clásicos como el Born Slippy, el siempre bienvenido Crispy Bacon, el Knights of The Jaguar, el todopoderoso The Sound Of The Big Babou o el mítico You Make Me Feel Like de Silvestre, con el que puso punto y final a nuestro periplo parisino. Si hubiera que poner algún pero a la sesión del francés (una sesión con la cualquier dj de a pie soñaría; no nos engañemos, como dj este hombre camina a 10 cm. del suelo) quizá le faltó cierta conexión con una parte de su público, terreno en el que suele ser un auténtico especialista. Sólo así se explica que el domingo por la mañana saliéramos del Rex extasiados, sonrientes, pero al mismo tiempo conscientes de lo que podría haber sido…

Hace rato que amaneció. El sol ilumina el boulevard Poissonnière y en las terrazas conviven madrugadores y trasnochados, flora y fauna, cerveza fría y café noisette. Bueno, pues se acabó. 20 años de música electrónica y otros tantos soñando con vivir algo parecido. Vuelven irremediablemente a la memoria algunos momentos vividos, la voz de Curtis McClain incitándonos al baile con su move-your-body, las manos de Jeff moviéndose frenéticamente sobre la mesa, una declaración de amor en forma de carmín sobre el frío cristal que separa al dj de la sala, el saxo de Philippe Nadaud y su bendita cara roja, las mezclas interminables de Garnier, y los gritos y los brazos en alto y los ojos cerrados y el dolor de piernas y por encima de todo la sensación de haber sido testigos de algo mágico e irrepetible. Félicitations Rex Club!

Guillermo M. Ferrando