KK Null – live Bar Gris (Madrid)
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KK Null es uno de esos tipos que se ha pasado media vida experimentando con el sonido. Lo suyo ha sido una frenética búsqueda de las posibilidades que ofrece la tecnología y los errores que en ella se producen, encauzándolos hacia la senda de la electrónica y el rock. Este ilustre multi-instrumentista japonés llegaba a Madrid de la mano de los chicos de Giradiscos, quienes siguen empeñados en ofrecer interesantes propuestas alejadas del circuito convencional.
La carrera de Kazuyuki Kishino comienza en la década de los ochenta. Fue la primera visita al país del sol naciente del influyente guitarrista Fred Frith, en 1981, quien le hizo cambiar su enfoque respecto a la música, rompiendo en mil pedazos la manera conservadora desde la que se asomaba al mundo y catapultando la creatividad y la imaginación sonora del japonés hasta limites insólitos. A partir de aquí, KK Null se hace con una guitarra y comienza a tocar en las calles y en pequeños clubs de Tokio, desfigurando el rock a través de la electrónica o el jazz, ganando poco a poco adeptos, colaborando con bandas que llegarían a disfrutar de cierto prestigio como YBO² o Absolut Null Punkt, con el consiguiente reconocimiento de una escena tan exigente y experta como es la japonesa, lugar donde todos estos devaneos empíricos son seguidos con verdadera devoción.
Su cumbre creativa, tanto de crítica como de público, llega como guitarrista principal y cantante del trío Zeni Geva, un alocado grupo de “progressive hardcore” heredero directo de grupos como King Crimson, donde se encuentra con otra de las figuras claves del imaginario japonés, Mitsuru Tabata, miembro también de los míticos Acid Mother Temple. Desde Zeni Geva dará rienda suelta a la creación sin límites, siempre bajo un prisma de banda heavy que facturaba un sonido apabullante, hipnótico y sedativo.
Otra de las grandes influencias de Kazuyuki, fue sin duda la doctrina industrial de Z'EV, quien le hizo cuestionarse también el ruido como instrumento, enfrascándole en un intenso recorrido de más de veinte años por las profundidades del rudísimo, la experimentación y la improvisación extrema. Una carrera condensada en más de 100 trabajos y en colaboraciones de todo tipo, con gente tan significativa como el propio Z´EV, Alexei Borisov, Merzbow, Chris Watson, Jim O´Rourke, Mike Patton, John Zorn, James Plotkin, Yona-Kit, Steve Albini, Keiji Haino, Otomo Yoshihide, Jon Rose o Karkwoski.
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El primero en subir el telón ruidista fue Scumearth (Alonso Urbanos), brutal proyecto de noise y experimentación asfixiante que durante un más que breve, pero intensísimo intervalo de tiempo, sacudió nuestros cuerpos con una violencia insólita y enfermiza. El propio Scumearth hacia oscilar sus pedales, acercándolos a puntos de luz, moviéndolos con fogosidad, buscando interferencias, el choque violento de ondas sonoras, de logaritmos estocásticos, de frecuencias bajas en forma de fantasma drome que golpeaba con intensidad nuestros desprotegidos e indefensos cuerpos, buscando nuestra reacción, nuestra confusión. Terrorismo noise en estado puro.
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El siguiente en hacer temblar los cimientos del bar Gris, fue otro veterano de la escena de aquí, Juan Antonio Nieto, un tipo que pasó por los primeros Aviadro Dro o Alphaville, y que ahora anda metido de lleno en la música de vanguardia como Pangea. Aquí propuso una experiencia sónica repleta de sonidos agrios y duros, circundados por frecuencias hipnóticas. Momentos que se aproximaban con peligrosidad al dark ambient de Lustmord, mezclados con otros pasajes donde el bombo rompía al estilo de los chasquidos clásicos de Namlook y su ambient espacial. Un recorrido por diferentes sonoridades, desde el jazz hasta el ambient más tradicional conformando una banda sonora rica en matices y diferentes gamas tonales. El mismo Pangea se atreve a definir su sonido: "La idea principal en mi música trata sobre el poder evocador de los sonidos al margen de los elementos habituales en la mayoría de las composiciones musicales como pueden ser el ritmo o la melodía, los distintos timbres han de sustentarse en sí mismos y será la relación entre ellos la que dote de emoción a la obra buscando en el oyente una complicidad con los sonidos que conformen la composición, estos sonidos ásperos, incluso irritantes en si mismos, adquieren una dimensión totalmente diferente combinados entre sí”.
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Por fin aparecía en escena KK Null, provisto de todo su instrumental sonoro habitual. El japonés daría una buena muestra de su pasión por el noise y las frecuencias inalcanzables. Comenzó sin piedad, lanzando sonidos que masticaba a través de dos Chaospads, sampleándolos a su gusto, incorporando un prominente muro de ruido blanco, bajas frecuencias asesinas, malvados bucles sonoros, moldeando formas imposibles, fantasmales, transformando los sonidos gracias a todo el arsenal de pequeños instrumentos que en muchos casos él mismo rediseña en lo que ha bautizado como los “Nullsonic”, juguetitos que esconden mucho peligro y que pueden causar estragos (los “Nullsonic” toman como referente a los míticos “Frippertronics” , aquel revolucionario descubrimiento, que patentó y desarrollo, junto a Brian Eno, el legendario Robert Fripp). A todo esto habría que sumarle los gritos desesperados y agónicos del japo, que se recreaba macrabramente en ellos, alargándolos sin piedad con la precisión de un aventajado del noise, estampando formas imaginarias en entrañas de angustia y oscuridad, cebándolos a base de un entramado de ruidos desgarradores, alimentados de una compleja alma industrial.
Toda una experiencia sónica la que ofrece este japonés, de aspecto tranquilo pero que esconde todo un arsenal empírico y de improvisación al alcance de solo unos pocos osados experimentadores del arte del sonido.
+ Audio : KK Null + Pangea (Onda Sonora Radio)
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