Moodymann @Baalsaal, Hamburgo
Decía durante una entrevista que si una persona nacía en la ciudad del motor durante los setenta u ochenta sólo tenía tres caminos a elegir: o trabajar para la industria automovilística, o convertirse en músico, o caer en el mundo de las drogas. Aunque realmente Kenneth Dixon nació en Los Ángeles, se crío en la ciudad de Detroit, y no dudó en escoger la segunda opción y dar desde entonces lecciones de buen gusto tras los platos bajo el sobrenombre de Kenny Dixon Jr. La elegancia de Detroit visita Hamburgo.
La ciudad de Hamburgo parece un lugar de lo más tranquilo y pacífico de cara al sol, pero al caer la noche transforma sus calles por completo y muestra su cara oculta en el ruidoso barrio de St. Pauli. Por suerte existe una alternativa a los incontables peep shows, casas de juego, y licorerías que atestan la calle principal; y no todo el mundo yace en las aceras con niveles incalculables de alcohol en sangre. Una pequeña puerta que pasa desapercibida entre tanto cartel luminoso y el griterío hooligan, esconde un recóndito club. El inapreciable letrero con la palabra Baalsaal da la bienvenida a un sótano en el que uno se puede olvidar de las incansables sirenas de las ambulancias, el ir y venir de la policía, y la jauría humana que campa a lo largo de la ajetreada Reeperbahn. Un cartel en el que aparece un tipo con gafas de sol, perilla, y un descarado pelo afro, anuncia la actuación de un invitado para esa noche, en letras mayúsculas Moodymann, Mahogani Music.
La razón de nuestra visita no tardó en aparecer por cabina. Dos treinta horas y Kenny Dixon Jr. se apostó a los mandos: rostro serio, refinado sombrero, y toalla al hombro. Mostrando una pasividad que incluso intranquiliza. Se colocó frente a la pista, apenas dos miradas al público y con sus cascos -de ipod por cierto- dio las buenas noches al respetable y ya avisó que estaba ahí para enseñarnos algunos discos que había traído. La sorpresa fue darse cuenta, ya desde el primer tema, que al finalizar su sesión no íbamos a tener si quiera la más mínima opción de salir defraudados. ¿Qué puedes reprocharle a alguien que detiene la música sin tapujos y comienza la sesión sentando catédra con una versión bajada de bpms de “Come Together” de The Beatles. Primera conclusión: a un tío de Detroit con sombrero no se le lleva la contraria.
No podríamos decir que elaboró una sesión en toda regla porque aquello era más bien una reunión de colegas en el salón de su casa. Impasible, Moodymann seleccionaba los temas que el mismo quería escuchar, mezclando sin ningún problema y comentando la jugada a los que allí nos encontrábamos. Alardeando con total elegancia de un buen gusto extraordinario. A pesar de lo que esperábamos, el público no andaba en absoluto perdido, las primeras filas sabían de sobra quien andaba tras los platos deleitando sus oídos. Cada cierto tiempo Moodymann miraba a la pista sonriente dispuesto a poner algún clásico precedido de una breve charla que comenzaba con esa erótica voz “Ahhh… is everything all right there?” Y todo estaba más que all right. Tan pronto como la pista escuchaba la relajante voz entraba en fervor.
Los temas vocales no cesaban en los altavoces y las lujuriosas voces no hacían más que incitar al baile. Nos sorprendió y se agradeció que se permitiese la licencia de pasarse a un Disco con ramalazos de Italo como es el “Feel the Drive” de Doctor’s Cat. Momento pro-vinilo con una remezcla de Roy Ayers para Bah Samba, cuando dejó caer varias veces la aguja en el disco preguntando “Can you hear that? that is the needle, and this is a vinyl” y no tardó en dar sus razones para venerar el amado vinilo “I like it, I can touch it, and I can feel it” Segunda conclusión: larga vida al vinilo y larga vida a Moodymann.
Tuvo ocasión de presentar alguna de las producciones incluidas en el Black Small Church, publicado en su propio sello que lleva por nombre sus iniciales, KDJ. E incluso introducir algún tema de tintes ácidos, del primerizo y verdadero Chicago House, firmado por el grupo Master C&J, ocasión que aprovechó Moody para alabar todo ese “early Chicago” producido en los ochenta. Más clásicos, en esta ocasión una desconocida remezcla del afamado “Get Down Saturday Night” de Oliver Cheatham. El veterano Kenny Dixon no olvidó su chiste de las “12 inches” y aprovechó una vez más para resaltar su amor por el vinilo frente al distante laptop de turno.
Disco, Funk, House, vocales y más vocales que provocaban la eyaculación de todos los sentidos, Soul carnal para las masas. Otro de los momentos de la noche cuando Moodymann ofreció sus respetos a uno de los más grandes: Larry Levan con su genial remezcla al clásico “First Time Around“ de Skyy (Saulsoul Records 1979). Una sesión completamente sensual, tan tórrida como la calurosa sala, cargada de ese tipo de pianos y saxos que entran directamente por la parte inferior de la espina dorsal y cual descarga eléctrica llegan al cerebro erizando todo el vello que encuentran en su camino. Sonrientes de oreja a oreja lo único que uno podía añadir a modo de conclusión antes de abandonar la sala era: ¡tócala otra vez Moodymann!
Fotografía: Noemi Larred.
Texto: Adrián Líndez.
