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Moritz von Oswald & Crew @Museo Reina Sofía

Pocos son los artistas que han logrado grabar su notoriedad en la historia de la música electrónica, pocos los que han acelerado su evolución y pocos los que con su desarrollo han hecho madurar toda una era musical. Pues bien, uno de los nombres que figura en ese reducido listado de artistas es el de Moritz von Oswald, ni más ni menos que el cofundador de sellos como Basic Channel, Chain Reaction (subsello) o Rhythm & Sound.

Un cuarentón alemán, vástago del ambient y prácticamente padrino del techno europeo cuyo legado está bien presente en la historia de la electrónica, ya sea en los esquemas del 4×4, en la línea que abre al minimalismo o incluso en el marco de los sonidos Jamaicanos. Sumando que con la compañía de Mark Ernestus y bajo el seudónimo de Maurizio crearon, entre otras muchas cosas, toda una serie de limitadas e imprescindibles obras musicales que ofrecieron en el sello que lleva su mismo nombre. Es por ello que el dúo se convirtió en uno de los iconos clave del techno de los 90. Así, hoy en día muchas de las grandes figuras de la electrónica han acatado su influencia rindiendo pleitesía a los sonidos de la pareja.

De este modo, el pasado 28 de Marzo, el Museo Reina Sofía acogió dentro de su programación musical más vanguardista y de carácter gratuito, "Corriente Continua", el proyecto de Moritz von Oswald & Crew, es decir el genio de Oswald acompañado de Max Loderbauer (Sun Electric) y Vladislav Delay, el -ya no tan joven- finlandés que se encuentra detrás de nombres como Luomo o Uusitalo. Obviamente el cartel de "Entradas agotadas" escoltaba la espera.

El sobrio escenario donde se apostarían los artistas era presidido por una enorme mesa de mezclas y dos teclados que manejaría el protagonista. A la izquierda un modular repleto de esos leds parpadeantes que no dejan de atraer nuestra mirada, un teclado y el correspondiente portátil. Mientras que al lado contrario situaban la parte orgánica de la actuación, en este caso la batería. Así pues, el trio hizo presencia en el escenario con el pertinente aplauso de bienvenida, Max Loderbauer encargado de la parte electrónica y Vladislav Delay a las baquetas, guiados ambos por un serio von Oswald.

La actuación se podría dividir en cinco apreciables segmentos, comenzando con un primer argumento centrado en una única atmósfera puramente minimalista con apenas un bajo dominante recargada de texturas esponjosas que anestesió de manera efectiva a los asistentes para acunarlos a su merced, mucho más próximo al sonido de Basic Channel que al ritmo de Maurizio. A medida que iban avanzando se iba desvaneciendo el dócil armazón de esta pieza para dar paso, sin pausa alguna, a la segunda capa de la actuación que estaría dirigida aún más por la improvisación. En ésta se pudieron apreciar las carencias del finlandés, Vladislav Delay,  a la hora de improvisar, presa de lo que ellos califican como "concepto abierto guiado por la improvisación" dejó en entredicho hasta en un par de ocasiones su rol frente a la batería, ya que se recreó en exceso en ciertos compases y por unos instantes nubló a sus dos compañeros. Tras esta suspensión el trío comenzó sin recato con un bajo dominante trazando unas densas burbujas de dub-techno que discurrían por todo el auditorio, un celaje digno de admiración. Siguieron así la línea que vacila entre el dub y el techno incluyendo afrodisíacas vocales sobre un ritmo que por momentos hacía memorar la métrica del gran M05 (Maurizio 1995). Pero el desarrollo sufrió breves altibajos que durmieron a pequeños sectores del público incluso despidieron a algún que otro despistado (o no). Los dos últimos gajos del directo no se prolongaron hacia un esquema más techno como algunos esperábamos, sino que bajaron unos escalones en el camino del 4×4 y mantuvieron los ingredientes dub que subrayaron el clima de trance hipnótico en el cual nos tenían sumidos para rematar con el flamante bajo propio de Maurizio acompañando el celeste paisaje concebido que cerró así los apenas 50 minutos de actuación brindados. Lástima que los aplausos del público no lograsen arrancar al menos una pieza más.

Adrián Líndez.