Sesiones Modulares #14
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La historia de la electrónica de baile pasa ineludiblemente por Chicago. Allí se diseñaron muchos de los patrones y de las marcas definitorias de un sonido que, más tarde, causaría verdadero fervor en Europa. Pero Chicago nunca supo vender su marca registrada tan bien como lo hicieron sus vecinos de Detroit, quienes sí se las idearon para sacar tajada del asunto, utilizando con sabiduría estrategias de puro marketing y formando una escena que, con altibajos, ha sobrevivido a lo largo de muchos años y ha permitido a la mayoría de sus principales hacedores mantenerse en primera línea de fuego.
El legado en Chicago fue tan importante como el de la ciudad del motor, pero allí no quedó apenas nada tras esa primera ola de creatividad. Ni clubs, ni productores ni sellos, nada de nada. Solo algunos verdaderos "outsiders" como Melvin Oliphant, quien se negará a aceptar esa cruda realidad y, empujado por una pasión desmedida hacia la música, emprenderá una lucha a cara descubierta para que el nombre de la ciudad no caiga en el más absoluto obstracismo dentro del panorama musical.
La primera vez que supimos de Traxx, fue a través de Gigolo Records, el sello de Hell, que a principios de 2000, publicaba un primer 12” a cargo de unos desconocidos por aquel entonces, The Dirty Criminals (formados por el citado Melvin más Daryl Cura y Jamal Moss), grupo que facturaba un techno aguerrido, básico en concepción y repleto de ácidos, proclamas oscuras y sonidos propios de la EBM europea. Esa fue la carta de presentación de este arquitecto musical, amante del sonido analógico, que desde entonces no ha parado de facturar auténticos tratados de orfebrería sonora, heredando el “soul” de uno de sus grandes referentes, Ron Hardy, y el espíritu mágico del Music Box.
Pero la labor de Melvin no se ha ceñido simplemente en mantener vivo el legado de Chicago, repitiendo los clichés y la misma fórmula agotada de antaño, sino que en su música realmente se nota una clara evolución, y mejora en muchos aspectos un sonido que, gracias a gente como él, sigue preservando toda su fuerza y autenticidad.
Melvin encontró en Europa la repercusión necesaria para poder emprender una carrera como productor solida y continuada. Su actividad se vuelve frenética con trabajos en numerosos sellos europeos como Relief, M/O/S, Muzique, Creme Organization, Creme Jack o los madrileños de Frigio Records; colaboraciones con gente de todo tipo, como sus inseparables colegas Jamal Moss o Tadd Mullinix, o tipos tan solventes como Legowelt. Y todo agazapado tras una maraña de nombres bajo los que se esconde el bueno de Melvin, nombres como Traxx, Mysterio, Villan X, Saturn V o X2, por citar solo algunos ejemplos de lo que es una discografía repleta de discos, donde queda perfectamente reflejada la devoción de Melvin por no solo por el house, sino por el techno, la EBM, la new wave o el ácido más devastador.
Además ha sabido incluso encontrar tiempo para establecer su propia plataforma discográfica, “Nation”, un sello con una labor muy comprometida, de sonido sobrio y poderoso, donde se cuida hasta el mínimo detalle, y que, referencia tras referencia, sigue haciendo apología del “jakbeat” con las producciones del propio Traxx (atentos a su último trabajo “Faith”, un grandísimo tratado de deep house con melodías y vocales de otros tiempos), y con colaboradores de los que nunca fallan, como D´Mar Cantu, Naughty Wood, Charles Manier, Beta Evers o Beau Wanze.
Toda esta entrega por la música en cuerpo y alma, se ve reflejada en las entusiastas sesiones que, tras los platos, se marca el bueno de Melvin. Profeta en su tierra (hace más de diez años que no pincha en Chicago), cuando se pone a manejar unos Technics este tipo, de apariencia tranquila y sosegada, se transforma en un animal escénico, con descargas de alta tensión, mezclas vertiginosas y un ritmo más cercano a la ebm y al techno que al house más clásico.
Desde la órbita Modular tenemos el privilegio de desempolvar una antigua sesión que Traxx nos ha regalado. Una sesión rescatada del olvido que data del 97, y que nos muestra a un selector mucho más introspectivo y calmado, reivindicando el sonido más tradicional de Chicago, tirando de clásicos como ese primer tema que suena del Fingers Inc “Mystery of Love (Instrumental)” o Farley “Jackmaster” Funk (aquí como A Black Man, A Black Man and Another Black Man), y su único 12” el legendario “I Believe”; gente como Cultural Vibe y su “Ma Foom Bey (Rhythm Version)”, clásicos contemporáneos como Moodymann ("The Telephone" y un corte del LP "Forevermevermore"), que aparece por partida doble. Pequeños dejes italeros con la irrupción del ritmo contagioso del “Transdance” de Night Moves y la necesaria recuperación de unos clásicos de la new wave y de los ritmos catarquicos como Suicide “Wild in Blue”; mucho acid house, new beat, resonancias cósmicas, maquinaria pesada de Roland, pinceladas de jazz, iconos como un fragmento de un discurso de Martin Luther King o divas como la voz sublime de Etta James, que fluye delicada entre bombos cautelosos.
Todo en un pequeño viaje anárquico y libre por el universo sonoro que ha influido y alimentado el alma de este selector único y obligatorio.
Traxx – Stereo Delay (1997)
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+ info : Jack-Nation.com

